Permitíos estar tristes y seréis felices.
Permitíos llorar.
Permitíos una equivocación.
Permitíos engordar.
Permitíos dormir diez horas.
Permitíos romper una promesa.
Permitíos confiar en alguien aún sabiendo que os va a fallar.
Permitíos soñar.
Permitíos amar.
Permitíos un momento al día de soledad.
Permitíos mandar el mundo a la mierda.
Permitíos que vuestro "yo" del mañana se encargue.
Permitíos gritar.
Permitíos sentir, y seréis felices.
Porque si no os permitís vosotros, se tomarán ellos vuestros permisos.
jueves, 19 de mayo de 2016
Permíteme.
lunes, 16 de mayo de 2016
Breakeven
El cuerpo cansado un domingo, de resaca emocional. Pijama todo el día, una película romántica pero no empalagosa que se te queda pegada a las costillas, sacar los apuntes, comer algo, distraerte, leer, escuchar música triste, dormir.
La rutina cíclica de la soledad cada día es más y más fuerte.
La luz del día calentando las calles, la gente llenando terrazas y la profunda sensación de estar haciendo algo mal cuando no disfrutas como debieras.
No sé dónde se consiguen las ganas de vivir de forma más intensa, o si solo se recuperan las ganas al lado de alguien (quiero pensar con todas mis fuerzas que no). Definitivamente, la juventud no se mide en cifras, se siente por dentro. Puedes tener dieciocho años y sentirte vacío y triste, y puedes tener sesenta y arrastrar arrugas de reirte y agujetas de moverte.
Como todo, no se puede etiquetar una emoción que se siente dentro; y no se puede poner edad a la madurez. Tanto emocional como social.
Lo único que no te enseña nadie (nunca) es a ser feliz. Resulta primordial escoger el camino, los zapatos y la compañía. Aún así, el camino no es el medio, en sí es un fin.
Y al final va a resultar que no sé atarme los zapatos y que ya no quiero andar un camino, quiero salir corriendo hasta que me quede sin aliento, hasta que el corazón lata por tres y hasta que, por fin, sepa coger el rumbo y tomar las riendas de mi vida.
O no, yo que sé.
martes, 10 de mayo de 2016
Tres errores.
Quizá mañana comprendamos que la <dependencia> es el primero de los errores. Que la naranja tiene suficiente zumo para uno mismo y que te puedes subir a una escalera solo, doblar el edredón sin ayuda, subir las bolsas de la compra, hacerte una foto, y preparar una comida sin que sobre para toda la semana. Que todo lo demás es una invención absurda y poética del "amor romántico".
No entendemos nada. El segundo de los errores es autoconvencerse de que la <soledad> es el camino unidireccional a la tristeza. Ojo, los estados de ánimo, no son, ni de lejos, hogar del alma y por tanto, distan de comportarse como tal. Sin más, son elecciones del corazón para tener la mente tranquila.
El hecho de necesitar compañía para no estar a solas con uno mismo es una enfermedad social grave, sin lugar a dudas. La soledad es la fiel acompañante que baila sobre una tarima de cristal, y que te pisa los pies porque nunca va al compás. La vida consiste en sacarla a bailar y saber convivir con ella. Pues bien, "querer estar solo no es querer sentirse solo."
Y el tercero de los errores, el más grave, consiste en la enfermiza necesidad de creer que la <felicidad> está más allá de tu caja torácica. La felicidad no está al lado de alguien, está en aceptarse a uno mismo. Pequeños detalles, tan banales como:
no perder un tren;
que suene tu canción favorita en la radio; encontrarte cinco euros en el bolsillo del pantalón;
que tu equipo de fútbol gane un domingo;
la risa de tu madre por las mañanas;
clavar un examen;
sonreírle a un extraño;
saltar en un concierto;
que el mar se lleve tus pisadas por la noche;
dormirte escuchando el sonido de la lluvia;
romper la rutina;
viajar;
robar un beso;
comer;
reír;
soñar.
La persona con la que caminas, al fin y al cabo, solo te ayuda a encontrar tu camino. Pero, "caminante, no hay camino; se hace camino al andar".
lunes, 9 de mayo de 2016
Debería.
La sensación de saber todo lo que tienes por mejorar, sin necesidad aparente de que alguien te abra los ojos o deje caer la venda. Al fin y al cabo, es una venda voluntaria únicamente impuesta por la incapacidad de no mover ficha y tomar decisiones.
La sensación de actuar de psicólogo social de prácticamente todas las personas que te rodean y no tener ni idea sobre qué sudadera ponerte hoy. La sensación de estar desaprovechando tiempo de tu vida en exclusivamente hacer todo más fácil para alguien que, tomando esto como precedente, acudirá a ti en busca de solventar sus problemas, aunque sean solo por desahogo, y usarte como pañuelo de mocos cuando el corazón sufra de alergia. Y ni siquiera se han parado a pensar en que el tuyo acaba de colgar el "cerrado por vacaciones" en un momento extrañísimo de tu vida, que, desgraciadamente, ni tú entiendes, ni ellos tienen intención de complicarse por entenderte. Y cierran así el fantástico círculo de darte por culo día si, día también; sin tomarse festivo como día libre.
En otro orden de cosas, la brevedad de la vida consiste, definitivamente, en arriesgarse por acertar y eludir al fracaso emocional y físico.
Y ahí estoy yo, en punto muerto, en una fase intermedia entre mi zona de confort y mi zona de riesgo. Y cada vez que me aventuro a las lindezas de la vida, aparece alguien que me da la mano corriendo y me hace tropezar demasiadas veces en el aparente y utópico camino hacia la prometida felicidad.
Y vuelvo corriendo a mi rutina cómoda y aburrida, cargando con los errores de las aventuras y con las advertencias de los que están en la zona de confort, que aseguran conocerlo todo de las otras zonas, desaprobando firmemente vivir de esa manera.
Y yo, incauta e inocente, vuelvo a mecerme entre los brazos de la comodidad y no del placer, la sencillez, la espontaneidad o la misma libertad, y caigo en un letargo profundo de inseguridad, tristeza y cansancio.
Sin embargo, no es una zona buena y la otra mala; pero si resulta ser absolutamente necesario para mantener el equilibrio y la salud mental los viajes entre ambas de forma continua.
O lo que es lo mismo, hacer lo que te salga de los ovarios, cuándo, cómo y con quien quieras.
Ahora voy y le digo a toda esa gente que tira y afloja entre las dos zonas, que voy a echarme una siesta profunda y que voy a tomar de todo menos decisiones. Que estoy harta de perder tanto tiempo en planificar para que luego llegue alguien que coja tus planes, se seque la nariz con ellos, y te pregunte que qué estás haciendo ahí parado.
Para que luego llegue alguien que se aproveche de tu buen hacer, de tus debilidades y de tu sincera amabilidad y rompa con todo lo que has construido tú. Sin pedir perdón. Sin dar las gracias.
Sinceramente, si lo sé hago también psicología a distancia, porque ya que estoy, por lo menos cobro por los consejos tan de gratis que regalo a diario. En absoluto es vanidad o algo que diría un ególatra, pero si alguien que está peligrosamente cerca de derrumbarse sobre el abismo de mandarlo todo a mierda.
Quizá solo necesitemos un poco de reciprocidad para mantener la llama de la paciencia; o eso, o lo más inteligente resulta ser la reclusión mental absoluta durante cierto periodo de tiempo, necesario para perdonarse a uno mismo las heridas del alma, más profundas que cualquiera causada por alguien más.
El confort por el que abogo es el amor propio y la comodidad de hacer las cosas bien. Por el momento no necesito nada más, ya ves, al fin y al cabo soy una persona conformista que nunca está conforme.
"Ya me he cansado de ser el tipo que no quiero ser. Me acostumbraré a volver al mar cuando no quede nada que hacer; me acostumbraré a disimular y a olvidar que te dejé marchar."
miércoles, 20 de abril de 2016
La eternidad del corazón.
En el momento de la muerte, el corazón se contrae por última vez y expulsa la sangre que contiene, por lo que las arterias acaban por drenarse y vaciarse.
Hay clases de biología celular que podrían considerarse poesía moderna (aunque al fin y al cabo, la muerte y el amor siempre serán temas recurrentes y universales), y es el hecho de pensar que el corazón se queda en sístole, actina y miosina contraídas (tanto tiempo como aguanten sin desnaturalizarse), lo que a día de hoy me da esperanzas cada vez que diástole llega con el bombeo necesario como para hacerlo latir.
La mecánica del corazón es un símil de lo complejo que llega a resultar la mecánica del amor, si es que se le puede encerrar en tal etiqueta.
Ojalá pudiéramos ponerle válvulas y construir puentes y diques al amor y esperar a que bombeara para irrigarnos por dentro, que se bifurcara en cada red de capilares y llegara hasta el último recoveco de nuestro cuerpo. Ojalá pudieramos controlar el caudal para que no se desbordara y causara ahogamientos internos. Ojalá pudiéramos donarlo con la certeza de que alguien lo recibiera, alguien que lo necesitara tanto como una transfusión a corazón abierto.
Ojalá siempre lo sintiéramos fuerte y sano, de flujo continuo y laminar durante el resto de nuestras vidas (al menos hasta que el amor durara); y no tuviéramos arritmias e infartos que provocaran la muerte por amor.
Al fin y al cabo todo se reduce a lo mismo, a ese movimiento involuntario que agita el pecho cada segundo, quizá no lleve siempre sangre, pero con certeza sé que siempre lleva amor. Por eso se pintan corazones rojos, por la sangre que los hincha y los desborda.
viernes, 8 de abril de 2016
Tic, tac.
La necesidad de sentir más fuerte, más rápido. Más intenso. Más duradero. Más. Mucho más.
Tener una "hermosa taquicardia" y que el corazón lata más rápido, bombee más sangre de lo normal. Arritmias que creen canciones. Canciones que bailen al compás. Compás que sepa dibujar la línea exacta de mis pasos hacia tus brazos. Brazos que rodeen y escalen murallas. Murallas que caigan frente a una mirada. Y es que si me miras... Un minuto más de lo necesario para saber que, sí, las paralelas infinitas han encontrado el camino perfecto para converger por fin. Y no saber si el camino era el destino, o el destino era coger ese camino.
Y que no importe la hora, el día o cualquier sucesión espacio-temporal que no sea el instante presente y contigo. Forma verbal del presente plural.
Notar un cosquilleo en los dedos, un escalofrío en la columna. Cerrar los ojos y sonreír.
Reír. Sentir. Vivir.
Llenar los pulmones de aire puro. Expirar suave y guardar la esencia de la vida en un suspiro. Encontrarnos tan cerca como para respirar aire común.
Salivar más de la cuenta. No poder parpadear para no perder ni un segundo, ni un detalle. No dejar de mirar hasta que los ojos duelan.
Tu propio cuerpo lo reconoce. No puedes salir. Has entrado para siempre en el bucle infinito. Ya no podrás escuchar esa canción sin acordarte, leer esas palabras sin pensar en, entrar a un sitio sin seguir los pasos caminados, y sobre todo, ya no será la primera vez que lata por primera vez. La maquinaria se ha puesto en marcha y solo queda la cuenta atrás. Tic tac, o corres o te pilla. Y si te pilla, corre.
lunes, 4 de abril de 2016
La noche siempre fue musa.
Vivir despacio o vivir deprisa. La calma de un lunes a las 4:16, la calma del mar con la luz de la luna e imaginar el vaivén de las olas sobre la orilla, hipnótico movimiento que acompasa tu respiración y tu pecho. Imaginarlo posible sin poder ver el mar de cerca.
La calma de la noche. La expectación de la oportunidad de un rato a solas contigo. Hacer planes que mueren al terminar de soñarlos. Soñar con tocar un instrumento y componer la banda sonora de tu vida. Bailar con la imaginación de la mano de personas reales. Dolientes.
Respirar entre las notas de una canción que te llena todos los vacíos por dentro y que te comprende como nadie podría hacerlo. Sonreír pensando en la increíble sensación de pensar en cómo se sintió la persona que la escribió. La increíble sensación de entender qué pasaba por su corazón. O quién.
La caída de la noche y la caída del peso del día sobre los ojos. Ojeras y bolsas donde guardar más pensamientos tóxicos. Moratones emocionales que reflejan la inquietud del corazón.
La sensación de control, de pausa, de poder concederte una tregua por algo conseguido. La sonrisa cómplice con uno mismo, la que mejor sienta.
La euforia del triunfo y el desazón de la derrota. Sentir el corazón en el pecho, sin prisa.
"No hay pausa, solo el coraje."