No has dicho buenas noches, ni adiós. Solo un tic azul, y como no, una última respuesta mía. Pero ayer por primera vez escribiste un 'jajajaja' y sonó natural, y luego emoticonos que se enamoraban. Tu "bueno, cambiemos de tema" y mi asquerosa necesidad de soltarte todo lo que te pienso a diario. Pero tú llevaste la iniciativa ayer, y no sé, perdió el Madrid pero fueron buenas noches. Aunque tú no las pronunciaras. Yo las pensé por los dos, te lo prometo.
Tu interés por un "y tú" más que forzado en respuesta a mi que tal, tu incansable e irresistible forma de mirar y sonreír. Yo no sé que pasa por tu cabeza cuando paso yo, pero hasta la última de mis articulaciones se pone nerviosa si me miras. Y me ves.
'Yo, que vivo en una alucinación, no hago caso nunca a la razón pues me guio por el corazón...' No sientes nunca la cabeza, pero si lo haces, te guardo un hueco junto a la mía.
lunes, 23 de marzo de 2015
Incluso un Lunes pueden ser buenas noches.
domingo, 22 de marzo de 2015
Un domingo cualquiera.
Y verte en calzoncillos ahí delante, bailando mal pero bailando bien, la música tan alta que no me escuchas reír. El cristal del baño empañado por el vaho, pero a ti te da igual, sigues cantando. Y me tiras del brazo y me das una vuelta, muy torpe, en la que me hago un lío con los pies y tropiezo sobre ti. Pero tú vuelves a incorporarme y cambias de canción.
Me miras un instante, un instante eterno y pones mi canción. No nuestra, mía. Y me miras. Y sonríes pícaro ante mi cara de sorpresa. Sé que odias su voz pero la imitas genial. Haces el tonto y juro no conocer un instante de felicidad mayor. Tú en calzoncillos y yo en bragas, una de tus camisetas y tus calcetines blancos, nos lo estamos pasando genial.
Yo canto en un inglés inventado y tú me miras y dices que eso no existe, pero me dejas abrazarte mientras te lavas los dientes. Te secas el pelo y te alisas la barba, y te echas desodorante; joder, qué bien hueles. Me dejas mirarte mientras haces todo eso, y cuando ves que llevo mucho tiempo sin cantar me haces cosquillas hasta que grito exhausta. La canción se acaba y ahora yo pongo la música. Sé que te gusta. Nos gusta. Me gustas. Me gustas tanto con tu albornoz del Madrid... Tus zapatillas de andar por casa con el escudo, de la talla 45 y tus camisetas enanas... Me gustas tanto...
Feliz.
Libre y en paz. Música en los oídos, tres gotas que caen. Ansias de verano en la piel y en el corazón, ansias de ser feliz todo el rato. Lo demás no importa. Sin prisa, con hambre y con sueño. Con ganas de hacer muchas cosas y con miedo a que se cumplan. Miedo a soñar muy fuerte y que se haga realidad. Soñar despierta a cada instante. Me pierdo en mil pensamientos, todos felices.Estas hormonas... Leches.
Feliz.
domingo, 15 de marzo de 2015
Nuestros viernes.
Nadie para mí como yo estoy para ti, para todos. Nadie tan bueno como yo. Nadie nunca, nunca nadie.
Nadie que al mandar una indirecta, que coño, nadie que sepa sin inderectas qué tal. Nadie que pregunte, de hecho, qué tal. Bueno, quizá tú sólo me pongas un "hoy salgo antes, 7,30 en tu casa?", y menos mal, que al menos tú. Me salvas de mí contigo. Y Madrid, tan bonita de noche, nos hace eco. Y hablas tanto que me dan ganas de hablar a mí. Te lo juro, me olvido de la hora y de toda la gente que pasa desesperada alrededor. Solo pienso en todo lo que tenemos en común... Menos mal que estás, que los viernes quieres estar. Tu " oye, tenemos que celebrar esto" y se nos vaya el santo al cielo y acabemos descubriendo calles y personas. Desahogarse nunca supo tan bien como contigo.
Como cuando hablas mucho, que paras para preguntarme, porque de verdad quieres saberlo. Sienta tan bien... Y solo me apetece salir contigo un viernes porque sé que no lo haces por mí, lo haces por ti; y no, no es para nada egoísta. Pero sácame de casa todos ellos, por favor.
Sales y me dices, "tengo cinco exámenes la semana que viene, pero me apetecía desconectar contigo" y sigues hablando, como si nada. Y coges mi brazo y me cuentas cómo te ha ido desde la última vez, de lo que no te atreves a contarle a nadie.
Este viernes me diste un consejo que yo estaba cumpliendo a la mitad, pero me diste la fórmula para llevarlo a cabo. El resultado, me dijiste, me aliviaría. No sé, no lo he probado pero lo estoy intentando. Y no era un consejo en vano, realmente me estabas dando algo muy tuyo que te servía, y me lo dabas a mí.
Supe entonces, entre patatas y kétchup del mc donals de Sol, que querría recorrer Madrid contigo siempre. Sin ataduras y sin presiones. Que sé que podría contarte lo más profundo sin que tu mirada me juzgase, o yo que sé, quizá lo harías con la verdad en los ojos y eso me aliviaría.
Por mis "saludas a mi hermano un momento?" y que siempre digas que sí con la intención que sé que tienes, y que de hecho yo tengo para ti. Por el vaso de agua en verano, la crema de manos que me pides cuando hace mucho frío, el plátano cuando tienes hambre... La sonrisa que necesito siempre a punto. Qué gusto tenerte, joder.
Por esa foto que se ve mal del estanque del retiro, de la plaza mayor y su tiovivo, de las luces que nos hacen reflejo, de la bola de Navidad en los puestos de Plaza España que siempre buscas, del cubata que aún no nos hemos tomado y del baile que no nos hemos echado. Por esos viernes que saben a verano. Por ti, por ti siempre.
domingo, 8 de marzo de 2015
LSD.
"-¡Pásame esa copa, tío, que va a derretirse!
-Vamos a la playa.
-¿Quién dijo vestirse?
De vuelta a casa, el corazón y el alma piden tregua pero saben que mañana habrá una respuesta. Mensajes de amor en tiempos de guerra.
No hay prisa cuando sale el sol en la mañana de una noche larga, después de las vueltas y el alcohol en tus pupilas el mundo cambia. ¡No hay prisa cuando sale el sol! ¡No! Nos baña de luz y calor, apuramos a caladas robadas al alba el sabor de una vida complicada.
Náusea en el estómago a pasitos cortos, empapado en alcohol pensando en el colchón, se supone que mañana curras a las ocho, ¿cómo es posible que te haya pillado el Sol? Pero no. No hay prisa, te duele el corazón al recordar su sonrisa, te duele con razón, pero no, no hay prisa y vuelves a tu casa con la misma camisa pero con gafas de Sol.
Y el Sol que no avisa, que sale a traición, te da el sermón de una misa, te pega el palizón y aún así no hay prisa y vuelves a tu casa disfrutando la brisa...
Fuerza me da tu voluntad que no se tuerza, cuenta conmigo seguiremos por la cuesta. Y si me desvío dame una bofetada un buen amigo es para todo que no lo sea para nada. Y si me falla la salud Dios nos ayude, hoy le pedimos resistencia y amor. Así que ahora sí, así que comparte, eh, que el Sol está apunto de bañarte en un paisaje increíble."
lunes, 2 de marzo de 2015
Más que ayer pero menos que mañana.
A veces, antes de dormirme, vienes conmigo y me arropas como si fuera la noche más fría de invierno. Te quitas la camiseta, y piel con piel, mi mejilla resopla en tu espalda. A veces pongo la mano en tu pecho y cuento las veces en las que sube y baja en un minuto. No superan las sesenta. Tu corazón palpita con el mío hasta hacerse uno.
A ti te gusta ponerme la piel de gallina, un suspiro detrás de la oreja, tus manos infinitas sobre mi cuello haciendo círculos, y yo como una idiota pego la sonrisa a tu pecho.
A veces, cuando he encontrado la postura perfecta y me acoplo contigo, dices que soy como una lapita que se pega, y te mueves para que te deje respirar. Pero mi pierna ya se ha metido entre las tuyas, y tu hombro huesudo me sirve de almohada. Tú dices que soy como un molde, y yo quiero seguir haciendo bizcocho siempre.
Me revuelves el flequillo y yo tu barba, y a veces me dejas morderla y suspirar cuando te ríes.
Que los días no empiezan hasta que no llegas a las 8 de la uni, cansado y reventado. Y aún así eres mi primer qué tal. Que me tumbo frente a ti y te veo el más guapo del mundo. Y te quiero tanto, a rabiar, que no puedo despegarme de ti.
Que te gusta acariciarme la espalda para hacerme cosquillas, porque yo no las soporto. Y me revuelvo y tú sigues. Y acabo jadeando evitando tus manos morder mis costillas, pero acabo feliz.
Y que sí, que no puedo evitar no nombrarte todos los días entre suspiros. Hablar de ti en todos lados.
Que tus manos me sigan cuidando y tu cabeza siga posándose sobre mi hombro siempre.
sábado, 28 de febrero de 2015
Último día del mes.
Me miras con esos ojitos asustados y sonríes. Si supieras la que llevo encima... Te irías corriendo. Que día más largo sin ti. Que vacío y que sinsentido.
Te pregunto si vienes y tú respondes que mañana. Ayer dijiste lo mismo. El pantalón del pijama te cae tan gracioso... Te cepillas los dientes frente al espejo y dos milésimas de segundo se encuentran mis ojos, y los tuyos. No se rehuyen. Tú lo ves todo fácil, a mi me gusta darle dos o tres vueltas (incluso al cuello) para poder hacerlo. Sonríes otra vez, pero te acabas yendo. Me quedo ahí plantada sin saber moverme. Mis pies no pisan tus huellas porque les vienen grandes. Me has hecho aún más pequeña y tengo vértigo de no llegarte a la altura. Me encojo y me hago bola en la cama. Todo está oscuro...
No sé cómo pudiste acercarte tanto, no sé cómo te metiste tan dentro y revolucionaste todo lo que viste. Te declaraste en huelga y desde entonces mi gobierno se rige por tus leyes. Y ahora, un golpe de Estado me derrumba. Ojalá lo hagas bien y (mi corazón) no salga herido.
Todo patas arriba, joder, que difícil darle ahora la vuelta. Me faltan tus manos. Creo que me voy a quedar así un tiempo, boca abajo. Si no te veo, no me duele.
Respiro fuerte y sin dificultad, pero mis pulmones están cansados de soplar con esfuerzos. Dales un suspiro. Vuelve y no vuelvas a irte. Y si lo haces, no así, desorganizándolo todo. Y encima a medias. No estoy preparada.
No puedo creer ni una sola promesa más, ni una. Son todas mentira. Vanas ilusiones.
Cierro los ojos, respiro y recuerdo. Lo único importante soy yo; tú te acabas de escapar por la comisura de mis ojos.
Último día del mes. No tengo ni para chicles. Tu alquiler está resultando ser más caro de lo que me puedo permitir. Los muebles quemados y todo echo cenizas. Ni fénix, ni nada.
Sigo pensando que tus cenizas prenderían con otro suspiro. Pero me da igual, creo que me he hecho inmune y ya nada me quema. Corazón congelado.