sábado, 24 de enero de 2015

Marea.

En el ojo de la tormenta, no supe estarme quieta y esperar, esperar a que el mar estuviera en calma. Mi mar, mis olas, mis tiburones que huyen de mis peces...
Me golpeé contra las rocas y perdí el conocimiento casi al instante, pero en esa décima de segundo que me concedió la marea, también dudé. Incluso cuando sabía que estaba ya saliendo el Sol y se estaba despejando el mar, la mar, incluso cuando vi a la gaviota volar encima mío, incluso ahí dudé. No voy a dejar de dudar ni a dejar de dudarte. Todo el rato, aún con el agua hasta el cuello, con la soga a punto. Con la patada en la silla.
Y porque dudé, disparé. No te dio, solo te rozó, y tú solo me rozaste. Triste realidad, triste locura.
Tus acantilados siguen muy altos, pero tu mar sigue igual de azul. Azul verde, azul calma. Déjame entrar. Déjame tirarme. Déjame al menos arrancarme el corazón de cuajo y tirarlo a tu mar, y que me deje en paz.
No más ojalás, ni más dudas. Quitámelas todas.

lunes, 19 de enero de 2015

En la boca del lobo.

En la boca del lobo.
Volví a entrar después de haber salido corriendo. Entré por si tú habías dejado de ser el lobo, o yo ya no quería ser Caperucita. Quizá también Ella echa de menos que el lobo la persiga, quizá yo también lo haga y por eso me valgan mil excusas para volver a poner un pie dentro.
Déjame ser víctima esta vez, ya no me gusta ser verdugo.
Déjame, por favor, poner un pie en tu cueva, una luz, una chispa que no prenda.
Si ves que vuelvo a dudar una vez esté dentro, sin empujar, dame la mano. Con un tirón pequeñito me vale.

Sobre colores y personas...

Siempre he pensado que cuando nacemos, lo hacemos pegados a una paleta de colores que esta vacía; y que la vida consiste en llenarla de tantos tonos cromáticos como personas hay en el mundo. Y las personas son los pinceles. Los hay que son grandes, y los hay que son pequeños, con poco para pintar.
Quiero pensar que nacemos con un color integrado a la paleta, el negro. El siguiente que conseguimos es el blanco y después de mezclarlos nos sale un gris pálido, inocente. En los momentos de debilidad, ese gris se enturbia hasta casi el negro y es cuando nos volvemos personas grises. Necesitamos colorear la vida, por típico que pueda parecer.
Cuando conoces a alguien puedes identificarlo con un color, atendiendo a su personalidad. A veces no tiene una explicación lógica dicha asociación, porque a veces es imposible explicar los colores.
He conocido gente verde, muy verde, gente amarilla pollito y gente azul, cielo, mar. He conocido gente que vive vidas monocromáticas y que sus pinceles se han ahogado en negro, y solo emborronan con sus huellas.
Estoy descubriendo como conseguir pintar un poco de rojo en el cuadro de mi vida, porque últimamente los colores que me llegan son muy apagados. No hace más que llover gris, y yo gris ya tengo.
Y entonces conoces a alguien que en su paleta tiene todos los colores, todas las mezclas, y todos los tamaños de pinceles. 'Es justo lo que estoy buscando', piensas.  'Ahora voy a poder hacer mezclas yo también'. Pero igual que vienen, se van, y toca buscar al siguiente pincel antes de que se le seque la pintura y tu cuadro quede insalvable.
Yo necesito, en ese momento de mi vida, una persona que además de ser pincel, además de ser rojo terciopelo, sea clinex y borre todos los manchones negros que crean una estampa pobre. Yo necesito un paraguas de colores para sacarlo en días grises y proteger mi obra. Yo necesito encontrar la fórmula del color de la felicidad, y que nunca se seque o se agriete.
Porque lo que sí sé es que cuando acumulas mucho negro en tu cuadro, sufres el peligro de que ningún color sobresalga encima de él, que ninguna persona se atreva a pincelar encima. Y tengas que echar blanco, encima de los recuerdos, para empezar de nuevo. El blanco para retomarlo desde el principio. Pero esta vez, con cuidado para no emborronarlo todo sin remedio.

"¿Sabes? Me he fijado en que tienes un poquito de rojo en el corazón, ¿te importa si te lo estrujo con cuidado? Prometo colorearlo de nuevo después."

domingo, 18 de enero de 2015

Tú también bailas.

Te pusiste delante del objetivo y apreté el botón del click, pero el único click que escuché sonó dentro, y no de la cámara. La foto salió negra, solo con un punto de luz a la altura de la boca, curvada en sonrisa. La comisura de tus labios se veía roja, roja carmín, y yo no llevaba pintalabios. Entendí por qué no podía verte. Ni tú me verías nunca.
No dejo de buscarte en el objetivo de mi cámara, pero ya me canso de buscar. Y nunca enfoco, y nunca te veo. Nunca, nunca, nunca...

En la pista suena mi canción, y entre tanta gente, bailo. Y me siento muy, muy bien. No veo más allá de dos palmos, no veo quién tengo delante, no veo nada. Todo sigue negro. Escucho gritar, y escucho roces a centímetros. Todo está bien. Escucho la música fluir, sin hacerme daño. No puedo evitar moverme, sin saber como hacerlo. No puedo evitar fijarme en que tú también lo haces, en mi más corta distancia. No puedo no verte, sabiendo que tú sí me ves. Un paso atrás, por dos tuyos hacia delante. Tú bailas, yo bailo; todo está bien.
Acabas en mi oído, pidiéndome otro baile. Ahora suena tu canción, y te ríes. Me acerco como Ícaro al Sol, sin alas. Sigo sin verte la cara, todo sigue oscuro. El último baile, pienso.
Y en un segundo te veo. Sé quien eres. Te he visto antes. Cierro los ojos y bailo, con las caderas ocupadas. Con las manos ocupadas. Menos mal, tú no llevas carmín, y hoy sí me los he pintado.

lunes, 12 de enero de 2015

Sobre catarros que congelan...

Con un catarro enorme del que no puedo salir. El amor a veces también es eso, a lo grande. Que dura tanto como tú quieras ponerle, que depende de factores externos, que necesita de tus clinex y tus tilas, de tus manos y tus días.
A veces también el corazón coge frío y bombea sangre de forma desigual. Forma trombos pequeñitos, supura. Necesita una mantita. Y yo también. No se a qué coño esperas para traerla, de verdad. Un frío que ni en el Polo, un frío que no han registrado en la tele, un frío que me está partiendo. A la mierda las segundas oportunidades, tú solo ven, y haz que volvamos al verano. Vivir en tu "verano moral", en tu calor corporal.
Tú, tan de camiseta en Diciembre y yo tan de sudadera en Abril. Que cuando llueve me escondo y tú corres. Que cuando nieva me cubro hasta las cejas y tú me tiras bolas. La última me ha congelado un pulmón, y desde entonces ya no respiro igual. Lo hago a plazos, incluso pago.
Se me acaban los clinex incluso cuando no estoy acatarrada, se me acaban las excusas, los por qué. Se me acaba la paciencia. Tú te acabaste antes que yo y me dejaste pudrirme en un invierno eterno, te llevaste mis mantas, arrasaste con todo. Fuiste ese huracán, que ya no tenía nombre de mujer, que provocó más mutilados que muertos. Quizá deberían llevar tu nombre todos los desastres. Los naturales también.
El mío lleva hasta el apellido y cuando preguntan, sé que no te conozco. Sin hacerlo me has dejado una huella que ha fosilizado y dime tú cómo la borro. Dime como hago para querer borrarla.
No te creas, estoy aprendiendo a usar la goma, y los restos que quedan, los recuerdos que me quedan, se van perdiendo y ya duelen menos. Uno de menos, tres de más. Una por ti y otra por ti.
No te olvides de brindar por mí.
Salud.

viernes, 9 de enero de 2015

Perdona, ¿tiene papel?

Los hay que vuelven al lugar del crimen, pero con otros testigos. ¿De ella también piensas deshacerte cuando el tiroteo acabe?
Solo el asesino vuelve...
Supuran las heridas de la bala que entró, salió y te persiguió. A ti solo te rozó, por eso vuelves, para acabar lo que empezaste. Solo un cabo suelto en tu lista interminable. Puse toda mi tinta en la pluma que solo sabía escribir 7 letras seguidas, las tuyas, y que ahora solo hace borrones y manchones. Ella también supura.
Encontraste la manera de escribir para siempre en mi lista, rellenar todas las páginas; pero te pusiste a arrancar hojas como un loco gritando que no me querías. Que era precipitado. Llorabas mientras lo hacías. Guardaste tu pluma, que explotó, en el bolsillo izquierdo, pegado el corazón; y desde entonces tú también lo tienes manchado.
Ningún tipp-ex, por obseso que te vuelvas en buscar, puede borrarte mi huella. Ningún polvo puede borrar un te quiero. Lo siento, yo no voy a salir de aquí solo para que acabes lo que un día sí tuviste huevos para empezar.
Espero el momento adecuado para apuntar, dispararte. Borrarte de una vez y pedirle papel y boli a alguien otra vez.
No te va a dar tiempo a matarle, lo siento.
Otro lo siento, pero que te den por culo. Nunca vas a encontrarme.

"Perdone, ¿tiene papel?
Fíjese, se me acaba de perder el último bolígrafo que tenía. Una pena.
Ese del bolsillo de la camisa me vale, sí.
¿Un café? Por supuesto."

jueves, 8 de enero de 2015

Tintas invisibles.

Una hoja en blanco. Otro corazón en blanco. Otra mente en blanco. Y otro, y otro más.
Desde que te llevaste la tinta invisible, nadie atina a grabarme sus iniciales en el corazón. Nadie quiere cosérmelas. Nadie quiere pintarlo de rojo y darle un poco de vida.
Nadie quiere sacarlo a bailar, hacerlo bombear. Nadie quiere escribir algo bonito que lo haga acelerarse, nervioso. Nadie quiere decir "nunca nadie" y cantar conmigo.
En contra de los absolutos, de los siempres y los nuncas que nunca, vaya, se cumplen; voy a añadir el nadie.
Creo firmemente que Nadie se ha equivocado de parada, que no ha cogido mi tren. Avísame en cual te bajas, y súbete al mío, que va haciendo escala en estaciones desiertas buscando el rastro de tu tinta invisible.
A veces los bolis tampoco me escriben, a veces se me olvida escribir, y solo recuerdo en bucle las letras de tu nombre. A veces, pero sólo a veces, me gusta rodearlas con tinta roja, de esa que falta en mi corazón marchito, y colorearlas con granate. Pero nunca encuentro tinta de ese color. Solo dejaste el negro... Y ahora todo, pintado tan oscuro, empieza a perder sentido. Necesito tu paleta de colores y tus juegos de niño para mancharme con acuarelas.
Mánchame un poco el corazón, pero esta vez sí que no juegues. Ya no lo tengo a todo riesgo.
Necesito que pintes mis días de colores y me saques de este gris tan tan tan negro.